Hay un dicho que dice: "El que come callado, come dos veces" y es muy cierto. Lo bueno es que aplica para todo.
Esa gente que alardea y muestra todo lo que hace (y se come) termina indigestado. Pero esos que comen calladitos y hacen sus cosas bajo una discreción impecable, terminan comiendo lo que quieran y sin remordimientos.